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Derecho y Justicia Social

El carácter problemático de la segregación residencial

Por Diego Gil

Hoy pareciera haber consenso en Chile en torno al grave problema de segregación residencial socioeconómica que afecta a muchas ciudades en el país, especialmente a Santiago. Varios estudios, entre ellos los elaborados por la cada vez más influyente OCDE[1], han alertado a las autoridades públicas de este fenómeno. Uno de ellos, publicado recientemente por la consultora Atisba, señala que alrededor del 10% de la población chilena vive en guetos, los que son definidos como lugares de altísima homogeneidad social de familias de bajos ingresos, las que se encuentran en una situación de aislamiento respecto de las redes de servicios públicos y oportunidades laborales.[2] Lamentablemente, la alarma pública por la segregación residencial aún no se traduce en un conjunto de políticas que enfrenten estructuralmente el problema. A mi juicio, esto se debe a la escasa discusión que existe en Chile acerca de por qué la integración residencial debiese ser un valor prioritario de la agenda pública. Esa discusión debiera iluminar el diseño de nuevas políticas en la materia.

El propósito de esta columna es ofrecer dos argumentos normativos por los cuales creo que la segregación residencial es problemática. Lo interesante es que esos dos argumentos se refieren a dos dimensiones distintas de la segregación residencial, que envuelven lógicas diferenciadas de intervención estatal.

Antes de desarrollar los dos argumentos ofrecidos, vale la pena hacer una breve alusión al concepto de segregación residencial. La segregación residencial no es lo mismo que la mera aglomeración territorial de un grupo de personas que comparten cierta identificación social o cultural. Esa situación es condición necesaria, pero no suficiente, para calificarla como segregación. Cuando hablamos de segregación, normalmente nos referimos a un tipo de relación especial entre un grupo que comparte un determinado espacio urbano y otros grupos que habitan la ciudad. Esa relación debe mostrar signos marcados de dominación o marginalización. Es por ello que calificamos de segregación, por ejemplo, la aglomeración territorial de familias de bajos ingresos que habitan en la periferia de Santiago y otras ciudades en Chile. Esos grupos se encuentran marginados de la distribución de recursos económicos y culturales de la ciudad.

Ahora, ¿por qué la segregación residencial es problemática? La primera razón es porque atenta contra la noción de meritocracia o igualdad de oportunidades[3]. La pretensión de un sistema meritocrático es desacoplar el origen social de una persona de sus posibilidades reales de desarrollo personal. Amplia evidencia ha demostrado que esas posibilidades están determinadas, en parte, por el lugar geográfico en el que una persona se desenvuelve. La literatura en el área ha demostrado que vivir en un lugar de alta concentración de pobreza lleva a peores resultados académicos, menores índices de salud y mayor exposición a actividad criminal, entre otros. Estos estudios han llevado a pensar las políticas sociales no sólo desde el punto de vista de la adquisición de habilidades individuales sino también desde la promoción de una “geografía de oportunidades” para los destinatarios de esas políticas. En consecuencia, si las oportunidades están fuertemente determinadas por la composición socioeconómica de los barrios, el compromiso con la idea de meritocracia requiere una sensibilidad especial al problema de la segregación residencial. Este compromiso debiese ser particularmente alérgico a la existencia de guetos de pobreza, y debiera fomentar la dispersión territorial de familias de escasos recursos.

El segundo argumento por el que la segregación residencial es problemática se relaciona con la idea de comunidad política. Un país con altos niveles de segregación residencial es un país con una comunidad política fragmentada. La idea de democracia se basa en la idea de una comunidad en la que todos nos reconocemos como ciudadanos iguales, y donde las instituciones políticas son sensibles a los intereses de todos los grupos sociales. No es difícil imaginar lo difícil que es cumplir con ese ideal en un contexto de alta segregación residencial. En este sentido, la segregación residencial atentaría con lo que algunos entienden como “igualdad democrática”. Y desde esta perspectiva, no sólo la aglomeración de personas de bajos ingresos resulta problemática. También lo es el creciente aislamiento de personas de altos ingresos en ciertas zonas urbanas de Chile. La concentración territorial de personas de altos ingresos es un mecanismo de reproducción de lógicas de dominación de ese grupo respecto de otros.

Esos dos argumentos contra la segregación urbana implican lógicas diferencias de intervención estatal. Los limitados esfuerzos que se han hecho desde la política habitacional para combatir la segregación se han enfocado en la segregación de la pobreza. Nada se ha hecho, sin embargo, respecto de la segregación de la riqueza. Mi percepción es que ni siquiera es percibido como un fenómeno problemático. Sin una discusión profunda sobre la intrínseca relación entre igualdad e integración es difícil esperar cambios estructurales en la forma en que el derecho y las políticas regulan la vida urbana en Chile.


[1] OECD, “Economic Surveys: Chile” (2012). OECD, “Urban Policy Reviews: Chile” (2013).

[2] ATISBA, Guetos en Chile (2010).

[3] Aunque “igualdad de oportunidades” y “meritocracia” pueden ser entendidos como conceptos distintos,  para los efectos de esta columna serán tratados como sinónimos.

Comentarios

4 comentarios en “El carácter problemático de la segregación residencial

  1. Excelente columna Diego. Agregaría otra razón. Una prestación más igualitaria de servicios sociales (sanitarios, educacionales, entre otros) suele organizarse sobre una base territorial. La universalidad en la entrega de esas prestaciones obliga – en países decentes – a no seleccionar entre aquellos que reclaman la referida prestación. Sin embargo, la segregación residencial, hace el trabajo de la selectividad pues define indirectamente quienes pueden aspirar a que colegios a un determinado hospital. Cuando esto sucede, las acciones positivas en favor de esos hospitales o colegios deben ser bien recibidas. No obstante si se ataca directamente la segregación residencial, los beneficios que se obtienen en esa redistribución son mucho mejores.

    Publicado por Raul Letelier | 22 de mayo de 2013, 9:58 PM
  2. El tema de la segregacion residencial y urbana en general tiene una particular dificultad, pues la intervencion en este espacio le resulta particularmente odiosa a la logica liberal. ¿Qué tiene que venir a decirme la comunidad donde vivir? Esta pregunta despierta todo tipo de pesadillas y vinculaciones con procesos de desarraigo local. El desafio, me parece, es lograr formular planes a mediano y largo plazo de integracion, que supongan una distribucion homogenea de servicios y equipamiento a lo largo de todo el paño urbano, como sugiere Raul, pero tambien una politica de relocalizacion mediante subsidios de todo tipo. Solo asi podriamos lograr a largo plazo una sociedad no estratificada; educacion publica no es suficiente, como ha hecho ver reiteradamente Bourdieu.

    Publicado por fernandomunozl | 23 de mayo de 2013, 12:33 PM
  3. Buena columna, Diego. Algunos comentarios tentativos: (i) ¿No te lleva la sola definición de segregación a los argumentos normativos? Tus dos argumentos parecieran derivarse de los elementos de la definición. El primero se deriva del elemento de marginalización y el segundo del de dominación. Entiendo, entonces, que la definición de segregación no es neutral respecto del aspecto normativo. (ii) Respecto de ambos argumentos, creo que está implícita (pero debería hacerse explicita) la idea de que atando los intereses de los pobres y ricos, podersos y vulnerables, se impide que quienes gobiernan se beneficien a sí mismo. Me parece que sin esta idea, el primer argumento es meramente un argumento en contra de la pobreza y el segundo en favor de la ampliación de la participación política en abstracto. (iii) Me pareció particularmente sugerente lo que señalas al final, es decir, pensar que el problema es también la “segregación de la riqueza” y no sólo de la pobreza.

    Publicado por Guillermo Jimenez | 23 de mayo de 2013, 1:36 PM
  4. Gracias Raúl, Fernando y Guillermo por los interesante comentarios.

    Raúl: creo que tu punto se relaciona con lo que traté de expresar en la columna: que la distribución de oportunidades y recursos es inseparable de la distribución territorial de la población. Es interesante el punto de que en un sistema de prestaciones universales, la segregación residencial puede tener efectos particularmente negativos. Es lo que creo que pasa en Estados Unidos con la educación pública. En Estados Unidos, la educación escolar es prácticamente entendida como un derecho social universal y gratuito (aunque no reconocido en la Constitución Federal). La cobertura es de más del 90%. En muchas partes la educación privada es simplemente un excentricismo de familias de altos ingresos, no una forma de reproducir privilegios. El problema, sin embargo, es que las escuelas son administradas y en buena parte financiadas localmente, lo que ha llevado a que la segregación residencial se ha transformado en el mecanismo de reproducción de privilegios raciales y de clase. Ahora, en Chile no tenemos un sistema de prestaciones sociales universales. Luego, la segregación es funcional a la focalización de las prestaciones. ¿Habrá ayudado eso a legitimar la segregación residencial en Chile? Eso sería un interesante argumento a explorar.

    Fernando: creo que sería un aporte a la discusión desmitificar el hecho de que la comunidad no tiene nada que decir a la hora de definir el lugar en el que vivimos. La comunidad decide bastante dónde vivimos. Un interesante ejercicio histórico es comparar el gobierno de la UP con la dictadura. En el primero hubo mucho más espacio para expresar preferencias de localización urbana. Eso explica la proliferación de tomas de terrenos en lugares bien ubicados de las ciudades. Durante la dictadura, ese espacio se cerró. Las familias de campamentos fueron expulsadas a la periferia de la ciudad. Así se creó la comuna de La Pintana, por ejemplo. Hoy, la regulación urbana y otros mecanismos de intervención administrativa definen bastante quiénes pueden vivir en qué lugar. Transformar esos instrumentos en políticas más inclusivas es un asunto pendiente.

    Guillermo: creo que tu punto (i) es correcto. Debí haber dicho que mis dos argumentos son más bien desarrollos de la idea normativa contenida en el concepto de segregación, que apuntan a dos dimensiones del concepto. Creo que tu punto (ii) va en la misma dirección del segundo argumento planteado en la columna. Es lo que algunos llaman el argumento de la “empatía”. Si los ricos viven cerca de los pobres, y los primeros tienen mayor injerencia en las instituciones políticas, es predecible que estas instituciones sean más sensibles a los intereses de los pobres en un contexto de integración residencial. El punto (iii) es el gran desafío, a mi modo de ver, ya que la segregación de la riqueza es un fenómeno sobre el que se ha reflexionado bastante poco.

    Publicado por Diego Gil | 23 de mayo de 2013, 2:17 PM

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